lunes, 23 de enero de 2017

Frantz. Reformulando la historia.

Pocas cosas me gustan más como cinéfilo que descubrir una película que me sorprenda desde su aparente normalidad o clasicismo, como esta que me ocupa ahora mismo. Frantz (2016) de François Ozon. Basada en una película de Lubistch "Broken Lullaby" (1932, "Remordimientos" en España) y en la obra de teatro en la que se basa esta última L'homme que j'ai tué) cuenta una a priori sencilla historia de culpa y perdón: poco después de la 1ª Guerra Mundial en un pueblo alemán aparece un francés (Adrien) visitando la tumba de un soldado muerto y entra en contacto con la prometida y los padres del mismo, presentándose como amigo del mismo en sus estancias en París. Tras la desconfianza inicial, acabará ganándose el aprecio y cariño de los mismos con los recuerdos que comparte sobre el hijo desaparecido. Los recuerdos sobre Frantz contados por Adrien y los momentos en los que su espíritu por decirlo de alguna manera se hace presente son filmados con viraje al color en lo que por lo demás es cálido blanco y negro, casi como si supusieran un océano de luz y vida en el oscuro y triste presente de los protagonistas. Hasta que de repente Adrian hace una revelación sobre la que se vertebra el conflicto de la película que, más allá de lo que cuenta nos hace replanteárnosla por completo: ¿Es cierto algo de lo que ha contado Frantz hasta ahora es simplemente la expresión de un deseo no cumplido? ¿Hubo una relación más profunda entre Adrien y Frantz de la que se nos cuenta? La dirección y el guión están llenos de sutiles apuntes y giros que nos llevan a dudar de todo, incluido de lo que aparenta ser la verdad sobre lo ocurrido: comentarios soltados al azar por uno de los personajes, un cuadro colgado en la pared, el vestuario de los personajes... Uno de los grandes aciertos de Ozon es hacernos asumir como espectadores el punto de vista de Anna (especialmente en la 2ª mitad en la que no contamos con la narración de Adrian) e ir descubriendo, con ella e incluso reinterpretando sus descubrimientos si acaso  la historia real no es ninguna de las narradas por Adrian, si hay otra, mucho más intima y difícil de contar por las circunstancias históricas y sociales de los personajes. Al final, el camino, tanto geográfico como interno hacia el descubrimiento supone la liberación de Anna y su apertura a una nueva vida, como queda perfectamente claro en el epílogo, y la renuncia a un pasado que pesaba como una losa sobre su presente.

Lo mejor: el uso maestro del punto de vista narrativo para reformular lo que vemos a cada momento y la confianza de Ozon en la inteligencia del espectador para no darle todo masticado. La sutil crítica implícita a la guerra, cualquier guerra.
Lo peor: quedarse con la impresión de que es un drama clásico más, cuando es rabiosamente moderna a todos los niveles.

9/10.

jueves, 19 de enero de 2017

Lalaland. La ciudad de las estrellas (pero no tan brillantes).



Qué rabia me da cuando al ver una película que espero me lo dé todo y me haga salir entusiasmado dando brincos no consiga hacerme olvidar al crítico (ja!) de cine a cambio del espectador y el placer de disfrutarla como cuando tenía 13 años. Que es lo que para mi disgusto me ha pasado con esta, la película más esperada de la temporada y la que más pasiones está despertando, así que voy a intentar explicarme antes de que alguien me diga que estoy muerto por dentro.

Vaya por delante que no me parece una película mala ni mucho menos; el intento de recuperar el musical clásico de Hollywood adaptado a nuestros tiempos me parece muy loable, y en ese sentido el trabajo de color, iluminación y claro, música, es excelente: sin ser para nada realista cumple con creces para expresar el estado de ánimo de los protagonistas y sus anhelos. Sin embargo las coreografías me parecen muy básicas, un poco como improvisadas, más cerca de lo que hizo (conscientemente) Woody Allen en "Todos dicen "I love you"" que a los clásicos de la época dorada. La virguería de rodar los dos números principales "Another day in the sun" y "A lovely night" en plano secuencia es chula pero no termina de estar bien aprovechada, hace que nos perdamos muchos detalles de ambos números al primar el plano general sobre el detalle. El guión, sobre todo en los dos primeros actos, peca de esquemático, cuando no directamente funcional. Hecho en falta más conversaciones y réplicas ingeniosas entre Mia y Sebastian, no basta con confiar en el enorme carisma y fotogenia de los actores (especialmente de ella en este caso). Ryan Gosling y Emma Stone, sin ser especialmente buenos cantando ni bailando salvan con creces la papeleta y su química y buen rollo es palpable desde el primer fotograma pero eso no basta para todo cuadre y transmita la magia que debería.

Por fortuna al llegar al 3ª acto, concretamente a  partir de la cena sorpresa (doy por hecho que quien lea esto lo habra ya visto o no considerará demasiado espoiler saber que hay una cena) la cosa cambia   y ese momento en que tal vez tengas que comerte tus sueños para llegar a fin de mes irrumpe en toda su crudeza y nos lleva a un tramo final en el que sí, todo es posible y tus sueños se cumplen si perseveras y crees en tí mismo aunque tengas que sacrificar lo que tal vez sea el amor de tu vida para ello y sobre todo nos lo muestran de manera creíble, hasta llegar a esa recapitulación final que nos muestra lo que pudo haber sido y lo que es y en definitiva, un poco como en el final de "Café Society" (de nuevo woody Allen, al final la película le va a deber más a el que a sus referentes más obvios) lo agridulce que puede ser la vida y conseguir tus metas.

¿Es suficiente para justificar el hype? Ummmm a falta de un segundo visitando me quedo con el intento y sobre todo con Ryan y Emma; esta sí es la película que la convertirá en una estrella.

Lo mejor: Emma Stone y la manera en que el epílogo redefine todo lo que hemos visto.
Lo peor: la sensación de no estar bien rematada, de que como músical no han querido o no han podido alcanzar la excelencia que al menos yo esperaba.

7/10.



lunes, 19 de septiembre de 2016

Retro-review: Paris is Burning: strike a pose!

Planos nocturnos de situación: NYC 1987, las torres gemelas vistas desde el Harlem e inmediatamente entramos en el bullicio nocturno de sus calles de finales de los 80. Aquí no hay glamour, no hay el brillo de Broadway, sólo clubs decrépitos en calles más bien miserables y gente bailando y divirtiéndose en las calles. Y mientras, la voz en off de una de las reinas y madre de una de las casas nos pone en situación:

 "Mi padre me dijo que me tendría que enfrentar a 3 grandes escollos en mi vida: todo hombre negro tiene dos, ser hombre y negro, y tu además eres gay. Si vas a salir adelante vas a tener que esforzarte más que nadie".

Esta cita es la clave y el resumen de todo lo que vamos a ver después: la supervivencia del hombre negro homosexual y travesti o drag queen desde los 60 hasta finales de los 80, Su manera de organizarse en Casas en torno a una madre y reunirse para desfilar y expresarse pero también para aprender a camuflarse entre la población blanca heterosexual que conforma la mayoría de la población estadounidense. Su forma de competir y resolver sus diferencias desfilando (no, esto no lo inventó Zoolander), de expresarse y bailar posando (Madonna, siempre ojo avizor al menos en la época se encargó de llevarlo al mainstream , pero lo que vemos aquí está años luz por delante a nivel expresivo e imaginativo de lo que conocimos). La diferencia entre "being shady" (ser una zorra básicamente y reservado en principio para las agresiones homófobas) y "opening the library" (resolver disputas internas o entre casas criticándose de manera divertida e ingeniosa como drags). O sin más tener esa familia detrás que te apoya y con la que puedes ser como quieres y expresarte libremente.

La película transpira autenticidad en cada fotograma, tanto para la euforia del estar allí y poder expresarte libremente como para el poso de amargura de no poder gritárselo al mundo y jugarte en algunos casos la vida cada vez que sales a la calle; y casi casi nos hace sentir estar allí. Sólo por eso, por mostrarnos ese tiempo y ese lugar ya sería imprescindible, por mucho que en algunos momentos parezca cortar de repente para pasar a otra cosa alguna de las historias y nos haga quedarnos con las ganas. Y en definitiva, para no olvidar que aunque nos parezca que hemos avanzado (que lo hemos hecho) mientras se siga discriminando por la pluma o siga habiendo palizas a gays o ataques a transexuales seguiremos necesitando formar comunidad, apoyarnos y claro, el Orgullo, tanto festivo como reivindicativo.


domingo, 24 de julio de 2016

Retro-review: Posession (1981).


Mediodía. Anna (Isabelle Adjani) sale  de la "Platz der Luftbrücke" U-Bahn Estación en Berlín Oeste; sube las escaleras mecánicas ; lleva una bolsa de la compra en la mano con leche, huevos etc. Va como flotando, en las nubes, recorriendo su camino casi mecánicamente. Se dirige al paso subterráneo para atravesar la calle y de repente, conforme empieza a atravesarlo empieza a reír, no una risa alegre sino oscura, cruel, casi demoníaca, casi como si estuviese "poseída" por el mal mismo. Su cuerpo empieza a agitarse presa de espasmos incontrolables, la risa se transforma en dolor, angustia que invade su cuerpo en forma de una danza macabra que la lleva a los suelos para terminar arrodillada con todo tipo de fluidos abandonando su cuerpo por todos sus orificios y dejándola vacía tanto física como emocionalmente. 

Esta escena, la más conocida de una película por otra parte llena de momentos memorables, situada casi a mitad de la misma casi como punto de inflexión resumen perfectamente el espíritu de la misma. Intentemos situarnos: Mark (Sam Neil) vuelve de un viaje de trabajo (posiblemente de espía) y Ana le pide separación sin aducir ninguna razón aparente. A partir de aquí vemos los intentos de San primero por arreglar una situación que no comprende y luego por averiguar los motivos de Anna. Superficialmente estamos ante una de las más tremendas disecciones  que se haya hecho sobre la desintegración de una pareja (Andrzej Zulawski confesó haberla escrito en mitad de un complicado divorcio). Aquí la relación de los personajes se manifiesta no sólo a través de la palabra sino del entorno; no es casualidad que la acción de desarrolle en Berlin en ese momento específico: la ciudad aparece dividida,  fría, casi desierta, húmeda, en aparente estado de descomposición, con el muro marcando agobiantes límites tanto físicos como mentales. No es sólo la violencia con la que se tratan entre ellos, es la que surge de la extrañeza del entorno y que sin la menor sutileza expresa el estado mental de los protagonistas y su relación en cada momento; como en uno de mis momentos favoritos cuando tras una discusión Anna sale del piso sangrando por la boca, Mark la persigue y en la calle se cruzan con un camión del cual caen dos coches aplastados a su lado.



Y después, tenemos el tema de la posesión propiamente dicha, el "ser" que invade a Ana y que se hace carne posteriormente con la imagen de Mark, el mal hecho carne, como contraposición a la aparición de Helen, la maestra, doble angelical de Anna. Confieso que esta parte de los dobles es la que menos entiendo, tal vez sea una manera del director de cargar con las culpas de su propio divorcio e intentar "limpiar" de alguna manera a su ex; esto lo dejo para futuros visionados).

Si has llegado hasta aquí y no tienes ni idea de si ver la película o qué te puedes encontrar en la misma, enhorabuena, estás igual que yo en mi lamentable intento de explicar mis sensaciones al verla. Mi recomendación es verla por supuesto, y tener paciencia; a cambio podrás decir que has visto una de películas más fascinantes e irritantes de la historia del cine y sobre todo dos de las interpretaciones más brutalmente físicas e intensas con las que puedas encontrarte. A Sam Neil nunca le hubiese creído capaz de un registro tan oscuro y desatado siempre desde el control aunque la que arrastra aquí con el peso interpretativo es la Adjani claro. Isabelle es una actriz que nunca me ha resultado "natural" en su concepción de su oficio; me recuerda un poco a lo que dijo Katherine Hepburn de Meryl Streep: parece que estás oyendo el click-click-click en cada momento en su cabeza. Ningún problema cuando el mecanismo es tan absolutamente prodigioso y además tan acorde con el tono general de la propuesta. si no por otra cosa la película es completamente disfrutable por el catálogo interpretativo de la diva: todas sus escenas discutiendo con San Neil transmitiendo bien vulnerabilidad pena y dolor, bien fiereza, determinación o maldad; la posesión propiamente dicha en el paso subterráneo, la escena en al clase de ballet que haría palidecer al J.K. Simmons de Whiplash o la pureza e ingenuidad cuando interpreta a la Helen, la maestra. Su Palma de Oro se queda corta ante tamaña entrega a su personaje.

Y en un año, nueva review, que es lo que tienen películas así, que puedes verlas mil veces sin aburrirte y seguir descubriendo cosas nuevas.

Lo mejor: las interpretaciones y a manera en que el entorno expresa el estado interior de los personajes. 
Lo peor: no entenderla argumentalmente y quedarse con eso; una película así hay que sentirla más que intentar descifrarla.

sábado, 21 de mayo de 2016

La bruja (The Witch: A New England Folktale): el terror como insinuación

Nuevo director () que debuta con peli de terror a contracorriente, en un género que parece ser de los más prolíficos en debuts o cuasi-debuts interesantísimos y a contracorriente. En este caso, a través de una historia de colonos cristianos en Nueva Inglaterra en la edad media que bebe de muchás fuentes, principalmente el mito de las brujas en la edad media, el miedo a lo desconocido en forma de bosque profundo y el fervor religioso mal entendido enfocado por el miedo a Satán como condicionante vital. El guión es consecuente en todo momento con este enfoque vital sofocantemente religioso;l a direción está encaminda a sugerir más que a mostrar, a dejarnos en todo momento con la duda de si eso que viven o perciben los personajes es la realidad o solo pasa en sus cabezas y sólo en dos ocasiones muy señaladas tenemos una visión omnisciente de la acción. El resultaod, más que miedo puro o sustos causa inquietud que se va transformando en miedo por acumulación y puede no entusiasmar a fans del susto fácil o de narrativas más aceleradas o dinámicas pero es consecuente con la propuesta en todo momento y vale la pena darle una oportunidad y deja con las ganas de ver qué puede hacer el director en el futuro.

Lo mejor: lo bien dirigido y coherente que resulta todo.
Lo peor: ir buscando sustos fuertes y fáciles: no los hay.

martes, 17 de mayo de 2016

Julieta: drama invisible.

Me duele un poco hace esta review, después de haber visto la película dos veces y dejarla reposar para asimilarla. Vaya por delante que soy muy fan de Almodóvar, he visto todas sus películas varias veces y la mayoría de ellas, como en los clásicos de verdad, resisten uno y cien visionados siempre aportando nuevas sugerencias. Ha sabido montarse una carrera manteniéndose fiel a sí mismo en todo momento, a sus temáticas habituales incluso adaptando material ajeno y llevándoselo casi siempre con maestría a tu terreno y sin venderse a tendencias o acudir a cantos de sirena de Hollywood. Es lo más parecido a un autor (en el sentido más estricto y nuevaolero francés del término) que tenemos en nuestro cine en los últimos 30 años. Sin embargo "Julieta" me parece una  película fallida. A priori la idea de adaptar 3 relatos de Alice Munro (de la cual no he leído nada así que no puedo comparar) y darles forma de un (cito sus palabras) "drama seco, sin lágrimas" era muy interesante, en el sentido de ver cómo se las apañaba en terrenos tan alejados de los habituales; porque reconozcámoslo: por muy sutil y elegante que sea su puesta en escena, sus melodramas sus totalmente desatados y latinos en su concepción. No hay más que intentar contar los argumentos o ver "Todo sobre mi madre " o "Hable con ella" con  un espectador anglosajón para ver sus caras de pasmo o sus reacciones o impresiones al final. En este caso sin embargo la raiz del drama es tan íntima, tan introspectiva, tan "para adentro" en todos los personajes que cuando se nos cuenta ni nos enteramos o no terminamos de entenderlo o empatizar con el mismo.  Para que algo así resulte y traspase la pantalla tienes que ser Bergman o Kieslowski, por citar dos especialistas en mirar en el fondo del alma humana y sus conflictos más oscuros con maestría. Así las cosas, la película termina siendo un quiero y no puedo y cayendo en ese error tan de novato o de falta de recursos de los personajes explicando sus sentimientos en conversaciones entre ellos o con voz en off, con bastante momentos inspirados como toda la secuencia en el tren o la del baño y secado (puro genio) que destacan más precisamente por lo poco logrado del conjunto. Sin dejar de valorar su arrojo y sin ser una absoluta pérdida de tiempo (sus películas nunca lo son) esperemos que la próxima vez acierte mejor en su elección de material y acercamiento a su universo.

Lo mejor: momentos aislados como los citados, las interpretaciones de todo el elenco y cuando la película transmite toques de humor (involuntario?) tan suyos.

Lo peor: que no termina de emocionar lo que debería.

viernes, 1 de abril de 2016

El cuento de la princesa Kaguya (2015). Como si fuese, casi, la primera película de animación.

Última maravilla de Estudios Gibli en llegar a nosotros. A priori, muy distinta de lo habitual. Dirigida por Isao Takahata (creador entre otras de "La tumba de las luciérnagas" o Pompoko, otras dos joyas a descubir por quien lo lo haya hecho ya) en este caso adapta un cuento tradicional japonés,  sobre un cortador de bambú que un día al cortar un tronco encuentra dentro una niña, futura princesa. Sin ánimo de entrar en espoilers, la historia es completamente coherente con su condición de cuento (princesa, pretendientes, humor naif) o como con su origen japonés y el misticismo que asociamos al mismo. Acorde con la temática, la animación parece un "back to basics", un retorno a la simplicidad y la pureza de la animación más tradicional, con personjaes dibujados casi a trazos con pincel y fondos que parecen acuarelas medievales, desvaídas con el paso del tiempo; casi parece que hubiese podido ser la primera película de animación japonesa rodada hace 80 años por Kurosawa o Mizoguchi si se hubiesen puesto a ello. El resultado es espectacular, de enorme belleza tanto visual como temática, casi parece cine surgido de la misma tierra de los bosques de bambú protagonistas de la primera parte, que nos obliga a mirar de nuevo como si fuéramos niños y descubriésemos el cine por primera vez y desde ya una de las películas de animación o no imprescindibles de lo que llevamos de siglo.

Lo mejor: casi todo, pero especialmente la coherencia de la propuesta y la magia que transmite desde la naturalidad más absoluta.

Lo peor: en la segunda mitad baja un poco el ritmo y eso unido a un final nada convencional podría causar rechazo de espectadores impacientes.