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martes, 12 de enero de 2016

Steve Jobs (2015). La imposibilidad de capturar al mito.

Como era de esperar, la aproximación de Aaron Sorkin  (guionista de “La red social”) a la figura de Steve Jobs es cualquier cosa menos un biopic convencional; y en lugar de centrarse en su vida y milagros opta por redescubrirlo a través de de 3 momentos clave de su carrera, la presentación de 3 productos estrella. Consciente de que es baladí mostrarlas cuando todos las conocemos su figura pública y la cualidad casi mesiánica casi de dichas presentaciones nos muestran las bambalinas, la preparación, el hombre detrás del mito y sus circunastancias, a través de larguísimas y extenuantes conversaciones principalmente con su directora de marketing, sus socios y su hija, con el formato “walking and talking” que tan bien desarrolló en “El ala oeste”.  En el fondo, la estructura narrativa es muy teatral, con sus 3 actos con unicidad de tiempo/espacio en cada uno de ellos. Danny Boyle (director) lo ha visto claro; él no es David Fincher y en lugar de la concisa y afilada puesta en escena de este para “La red social” opta por el barroquismo, la cámara siguiendo incesantemente a los presonajes y mostrándolos las conversaciones casi en primer plano o a través de todo tipo de filtros (cristales, transparencias), como si en el fondo fuera imposible llegar a verlo a cara lavada, y siempre con la inestimable colaboración de Michael Fassbender y Kate Winslet, entregadísimos a sus papeles y tan perfectos transmitiendo naturalidad en medio del  artificio de la propuesta que casi dan asco. El resultado es tan agotador como fascinante, podrá atragantarse a muchos pero sin duda vale la pena darle una oportunidad.

Lo mejor: dramaturgia, interpretaciones…

Lo peor: que la resolución sea “convencional”, centrada en el conflicto paterno, aunque está muy bien resuelto en esos parámetros.

lunes, 4 de enero de 2016

Macbeth (2015). O la atemporalidad de los clásicos y la condición humana.


Nueva adaptación de Shakespeare para empezar el año. A falta de conocer a fondo la obra teatral o anteriores adaptaciones de Kurosawa u Orson Welles por decir algunos me ha parecido una propuesta tremendamente atrevida e interesante. Por un lado se ciñe al texto original tal cual  y los actores  lo declaman desde el menos es más, casi hieráticos y en susurros, como si la magnitud de la tragedia y maldad que cuentan anulases cualquier atisbo o posibilidad de exaltación. Ayuda mucho la elección de intérpretes, con y Marion repletos de oscura ambigüedad. Por otro lado, la dirección es deslumbrantemente moderna (para bien) el uso de la fotografía con la luz mínima, encuadres llenos de niebla, luz de velas o fuego desatado según la intensidad del momento, uso de ralentís en batalla, planos extáticos, casi pictóricos y montaje reducido al mínimo, haciendo que acción parezca deslizarse suave e inexorablemente a ese final casi infernal en su concepción visual… Al final este contraste termina por mostrar en todo su esplendor la maldad y codicia inherente de la condición humana y su capacidad para corrompernos y llevarnos a lo peor de nosotros mismos por la simple ansia de poder innecesario a la postre. No será del gusto de todos y exige mucha paciencia y predisposición por parte del espectador pero sin duda será uno de los placeres cinéfilos del año.

Lo mejor: dirección, interpretación, fotografía... todo es sublime y consecuente con la propuesta.
Lo peor: que lo extremo de la misma pueda alejar a muchos.