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lunes, 7 de marzo de 2016

Brooklyn: nostalgia, la justa.


Los dramas ambientados en periodos históricos de la primera mitad del s.XX van mucho juego tanto en el cine como sobre todo de cara a entregas de premios, como es este caso. La historia de una chica irlandesa que emigra a USA a principio de los 50 desde su Irlanda rural natal en busca de oportunidades podría haberse quedado en manos menos hábiles en un drama lacrimógeno típico  de amores imposibles y familias rotas y por suerte no es el caso por varios motivos. El principal, un guión estupendo que evita caer en los lugares más comunes, sobre todo en el tercio final en su resolución, merecidamente nominado al Oscar. Asimismo, la contenida dirección en su punto justo para resultar bonita sin caer en el paisajismo cuando debe ni evitar o exagerar innecesariamente los aspectos más escabrosos de la epopeya de la protagonista. Y por último claro el reparto, en especial Saoirse Ronan, una de esas actrices quesin aspavientos va abriéndose camino, de la escuela del minimalismo que con sólo una mirada consigue transmitir todos los anhelos y dudas de su personaje. Una de las películas más bonitas del año.

Lo mejor: el tramo final, por lo que tiene de romper con las convenciones y la escena final del retorno y reeencuetro, cine puro.

Lo peor: que haya quien se la pierda por pensar que es una más.

miércoles, 20 de enero de 2016

45 años: corazón "helado".


No soy muy fan del director Andrew Haigh; sus incrusiones en historias sobre vida gay como en “Weekend” o "Looking" siempre me han parecido esforzados intentos de naturalidad que terminan cayendo en la banalidad en su intento de menos es más. Para mi sorpresa sin embargo, aquí lo peta y consigue todo lo que había intentado hasta ahora con unahistoria sobre el paso del tiempo y las consecuencias que pueden tener ciertos descubrimientos sobre el pasado en una pareja muy asentada. El guión va acumulando pequeños pero incisivos detalles (ese “amor congelado”); la dirección es sofisticadísima en su aparente sencillez: básicamente dos personajes hablando y la cámara que rara vez los filma en primer plano limpio sino siempre a cierta distancia, o a través de cristales o barreras diversas, como con cierto pudor, como si le diera reparo interferir en algo tan íntimo como el conflicto que surge en los personajes. Esto no funcionaría sin dos intérpretes monumentales (ambos) como Charlotte Rampling, Tom Courtenay, (aunque el punto de vista es el de ella y le permita más lucimiento); trabajando sus personajes desde la contención y una rigurosa dirección de actores que evita cualquier explosión sentimental típica en estos productos y acorde con la naturaleza de la propuesto. El resultado, uno de los dramas más demoledores de los últimos años, a degustar (y sufrir) con calma.

Lo mejor: que todo (guión, dirección, interpretaciones...) esté en perfecta sincronía. Y Charlotte, imposible no mencionarla, es Oscar es suyo lo gane o no.

Lo peor: que la misma naturaleza de la propuesta pueda alejar a espectadores más impacientes.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

La novia: pasiones lorquianas en estado puro.

A falta de conocer la obra original de Lorca, la película en su concepción me parece casi una tragedia griega, en su abstracción de personajes en claras figuras principales (la novia, el novio, el amante, la madre) que carecen incluso de nombre propio acorde con esta concepción, todos ellos a merced de una serie de pasiones básicas (amor, obsesión, celos, orgullo, dignidad) primarias aunque no ello sencillas de explicar ni mucho menos comprender. Todo ello apostando más por una puesta en escena barroca que reduce la palabra y verso lorquianos a lo justo y apuesta por el uso de la luz y su ausencia (los momentos nocturnos de pasión a la luz de la luna frente a la duda y angustia en los atardeceres), la música, el encuadre (la contraposición de inmensas y áridas estepas contra los cuerpos desnudos, húmedos y llenos de vida de los protagonistas) e incluso atrevidas innovaciones como el uso de dagas de cristal frente al metal para transmitir la violencia de las emociones contrapuestas de las que se sienten presos e incapaces de escapar los protagonistas. Gustará más o menos (a mi me cuesta entrar en historias tan pasionales y extremas) pero visualmente es arrebatadora y sus protagonistas lo dan todo, especialmente Inma Cuesta (toda duda y pasión insatisfecha) Luisa Gavasa (la madre, dignidad trágica), el novio (Asier Etxeandia) y Lenoardo (masculinidad arrebatadora, casi de culebrón).

Lo mejor: su atrevimiento formal y que nos den ganas de leer la obra de Lorca.